Es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad. La frase que hace 50 años dio origen a la imprescindible Amnistia Internacional, de la que soy orgullosamente socio donador, es la clave para pensar en el futuro. Pero, ¿cómo llegamos a esta oscuridad?
Para quienes crecimos convencidos de los valores izquierdistas de justicia y libertad, es penoso presenciar la simulación democrática que ha acorralado al PRD, y que resumo en dos comentarios que me hizo hace tiempo un ex compañero de mil batallas. El primero de ellos era, “en el discurso tenemos que ser implacables, críticos y con una actitud moral inquebrantable; en los hechos, debajo de la mesa, tenemos que aflojarnos y pactar, tenemos que ganar algo para nosotros…”. El segundo, al referirse a un obeso diputado federal perredista de Coyoacán, “el pobre, ha tenido que reproducir los peores vicios del priismo porque solo así ha podido sobrevivir a las tribus y mezquindades del partido”.
Cómo explicar esta conducta que ha dañado y deteriorado terriblemente la imagen de los perredistas. Al respecto, Rosa Albina Garavito, quien escribió un excelente libro sobre el propio PRD, concluye: “Lo que uno puede decir después de ver toda la cloaca priista que reprodujeron los perredistas de hoy, algunos viejos militantes de la guerrilla u otros formados en las universidades, es que su lucha en los 70s u 80s la motivaba su resentimiento contra el poder político que los había apartado de las mieles del poder; así que cuando les tocó la tajada del pastel se olvidaron de los principios y las causas”. El viejo sistema supo cooptar a un segmento importante de la población que amenazaba con desafiar radicalmente el modelo de nación. Luis Echeverría y, especialmente, Carlos Salinas de Gortari, fueron sin duda, quienes trazaron el camino de la llamada izquierda institucional, ampliando en los hechos las prerrogativas políticas a la izquierda. Como paréntesis, por esta razón insisto en mi crítica contra la dupla Ebrard-Camacho. Ambos personajes rompieron con el ex presidente CSG, pero conservaron sus prácticas, vicios y tácticas de cooptación y compra de aliados. Solo mediante estas prácticas se puede explicar su crecimiento en el seno de la burocracia partidista. Si existen dudas al respecto, basta analizar lo que ha sucedido en la ALDF a partir del 2006. Hasta el exdiputado del PANAL, Xiuh Tenorio –incondicional de Elba Esther Gordillo- terminó por afiliarse a las huestes ebrardistas; cosa aparte es su triste papel en la gris Secretaría de Educación del DF.
Volviendo a las causas de la simulación perredista, la respuesta de Rosa Albina se queda corta. En realidad lo que está de fondo es el pastel por el que se compite. Todos nos quejamos de que los diputados, senadores, los dirigentes partidistas, los gobernantes, etc. tienen salarios excesivos y es verdad. La burocracia política le cuesta a México prácticamente lo mismo que lo que le cuesta a los Estados Unidos de América. Pero eso no es nada en comparación con lo que está verdaderamente en juego.
Por citar un ejemplo, tan solo en la Ciudad de México en el 2011, el presupuesto anual para obras fue de 30 mil millones de pesos. Si la mochada que piden los responsables de adjudicar cada obra es del 10% -porque desde luego seríamos ingenuos pensando que el diezmo desapareció-, entonces estamos hablando de que en este año se desviarán, solo en obras, solo en el DF, cerca de tres mil millones de pesos, sin contar las concesiones. Tres mil millones de pesos de los impuestos ciudadanos, que bien podrían servir para cientos de programas de desarrollo productivo y educativo.
Al analizar con detalle todo tipo de concesiones y permisos que requieren su mochada, estimo que la corrupción política en la Ciudad de México cuesta a los ciudadanos entre 5 mil y 7 mil 500 millones de pesos anuales. ¿A dónde va a parar esta cantidad de dinero cada año, a manos de quién o quiénes?
Ahora, imaginemos lo que pasa en el gobierno federal, en los gobiernos de los estados, municipios, etc. ¿Cuánto le cuesta a México la corrupción de sus políticos? Los altos salarios gubernamentales son una mascarada que pretende tapar el Premio Mayor. Parece que la clase política es un conjunto de mafias encabezadas por capos, que desangran la nación. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre un Capo de la Política y un Capo de la Droga? ¿No deberíamos perseguir a ambos?
En esta profunda oscuridad nos hayamos inmersos, así que la luz que encendamos debe ser resplandeciente para que podamos salir de ella. ¿Qué hacer con todo esto? Mi respuesta es que el tiempo de los ciudadanos ha llegado. Este país va cambiar solamente si los ciudadanos dejamos de ser espectadores y nos convertimos en actores y promotores de un cambio profundo en nuestro país.
Aun quedan voces dignas, comprometidas con México y con credibilidad. Algunos de ellos, como el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, el politólogo Octavio Rodríguez Araujo, el científico René Drucker Colín y el actor Daniel Giménez-Cacho, entre otros, encabezan y formulan ya una convocatoria para un Pacto Progresista de cara al 2012, pero también mirando al 2018, 2020, 2025. Con tal fin, se promueven acercamientos con figuras imprescindibles como Cuauhtémoc Cárdenas y el mismo López Obrador, con movimientos sociales llenos de frescura y vitalidad como el que encabeza Javier Sicilia, así como con actores partidistas que quizás estén dispuestos a renovarse y oxigenarse. En este sentido, aunque Jesús Zambrano es uno de los jefes principales de Los Chuchos, sus orígenes son diametralmente distintos a los de su tocayo Ortega. Hay que darle el beneficio de la duda.
Los ejes principales de este pacto progresista pueden ser los siguientes:
1.- La definición de una agenda programática de compromisos a corto y mediano plazo, con ideas frescas e inteligentes, para cambiar el rumbo nacional.
2.- La definición de una política de Estado a largo plazo para atender los problemas relevantes que en las siguientes décadas se agudizarán
3.- La creación de una Comisión de la Verdad que investigue los crímenes e injusticias del presente y pasado nacional y finque responsabilidades.
4.- La creación de una Fiscalía AntiCorrupción Ciudadana que investigue, audite y finque responsabilidad a gobernantes en todos los niveles, partidos políticos, gobiernos locales, municipales, delegacionales, estatales y el nacional.
5.- El compromiso para que los partidos políticos que suscriban el acuerdo, postulen un alto porcentaje de candidatos no partidistas, en tod@s los puestos de elección popular.
6.- Mención especial requiere la Ciudad de México. Es imprescindible que la candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México recaiga en un ciudadano que unifique a los más amplios y diversos sectores de la sociedad y sea capaz de enderezar el rumbo político de la Ciudad de México. Esa candidatura ya tiene nombre y apellido.
El 2012 tiene que ser el comienzo de una nueva forma de participación política, que haga posible el empoderamiento ciudadano. Es momento de que desde una una visión ética de justicia y equidad social pensemos en el futuro digno que nuestros hijos se merecen.
Si los políticos y los partidos no están a la altura de los nuevos tiempos que demanda la nación, entonces, como gritaron los argentinos en medio de una de las peores crisis en su historia, ¡¡Que se vayan tod@s!!
El cortoplacismo de la clase política mexicana, que permea a todas las expresiones partidistas, tiene al país en una crisis social y estructural sin precedentes. Es impostergable que l@s ciudadan@s nos demos a la tarea de pensar y construir el futuro con inteligencia, frescura y compromiso. El porvenir de nuestr@s hij@s es nuestro objetivo más vital aunque sea altamente complejo. Hay que pensar en el fututo para consolidar los pilares de una nueva sociedad y una nación democrática en plenitud.
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Texto publicado en Periódico Digital: http://periodicodigital.com.mx/blogs/bolivar_huerta/
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