lunes, 25 de julio de 2011

Pensar en el otro (II)

Agradezco a mi amigo Javier Ruiz por enriquecer este espacio, que generosamente me han brindado el Periódico Digital y su directora, la periodista Magaly Herrera

Hace tiempo escuché una historia muy curiosa. En la facultad de ingeniería aeronáutica de una prestigiosa Universidad de Estados Unidos, un profesor convocó a sus mejores estudiantes a analizar la aerodinámica del abejorro. Estudiaron con detalle las partes de su cuerpo, sometieron al abejorro a algunas pruebas y analizaron las características de su fisonomía. Después un análisis riguroso, llegaron a la conclusión que era imposible que este insecto volara, debido a su pesado cuerpo, sus alas muy cortas, su visión torpe, y fundamentalmente a su estructura corporal que lo hace un insecto poco o nada aerodinámico.

Con estas conclusiones, los alumnos fueron a ver a su profesor pidiendo una explicación lógica del porqué el abejorro puede volar si de acuerdo a la teoría aerodinámica moderna, es imposible que lo haga.

El profesor encogió sus hombros y contestó “El abejorro vuela, porque todo esto que ustedes y yo hemos estudiado y conocemos, probablemente el abejorro lo ignore, y más vale que mejor lo siga ignorando”.

Esta historia que seguramente se trata de un mito o una leyenda es muy aplicable a lo que sucede en México. En el país lleva gobernando un sistema intocable que ha generado durante más de 80 años, crisis económicas, crisis políticas, crisis morales y todo tipo de crisis posibles.

El país tiene alrededor del 50% de su población en extrema pobreza, tiene uno de los índices más altos de corrupción en el mundo, 99 de cada cien de los delitos que se cometen permanecen impunes, la media educativa es del cuarto año de primaria, solo el 1% de los municipios cuentan con una librería pública, el sistema de seguridad social y médica es uno de los peores del mundo, etc. Y yo me pregunto, igual que se preguntaron esos estudiantes, cómo es posible que ocurra algo que en teoría es imposible. ¿Por qué ese sistema sigue operando y ganando elecciones? ¿Cómo es posible que en el país no haya habido ningún levantamiento social exitoso reivindicando sus derechos?

Dicen que lo que no se conoce, no se extraña y en México lo único que conocemos es lo que ya sabemos, y lo hemos visualizado como algo normal. Entonces lo anormal, como la inseguridad, la corrupción, el bajo nivel educativo, las pésimas infraestructuras, el discurso pobre y neófito de nuestros políticos, la injusticia e impunidad, la muy difícil distinción entre la “derecha” y la “izquierda”, el desequilibrio de poderes, el gobierno que beneficia siempre a las 32 familias que controlan el capital en el país, que los políticos se hagan multimillonarios, la transa, la mentira y el cochupo, y más, son algo normal. Lo anormal es normal y lo que debería ser normal es una ilusión.

Las elecciones del pasado fin de semana reafirman estas conclusiones. Ganó el PRI no por sus resultados, ni por su inteligencia, mucho menos porque haya cambiado. El PRI sigue siendo el mismo dinosaurio de antes. Ganó el PRI, en parte, porque el PAN y el PRD han demostrado ser iguales o incluso peores. Es lógico, pues estos partidos son los cavernícolas que alimentan al dinosaurio que sigue ahí. El PRI ha sido el principal causante de la precaria situación actual, que por si fuera poco el PAN vino a profundizar. El problema es que no hay opciones y el propio sistema se ha encargado de que no las haya. Una muestra de ello es la cancelación de las candidaturas ciudadanas y la reforma política para las elecciones del 2012.

Vivimos bajo la premisa de una gran contradicción. Así como la teoría indica que el abejorro no puede volar y vuela, nuestra sociedad y nuestro país en teoría no podría aguantar más y al parecer no solo aguanta más, sino que masoquistamente parece que puede aguantar cosas peores, como el regreso del PRI.

Si aplicáramos la respuesta del profesor a sus alumnos, sobre el misterioso vuelo del abejorro, no habría nada más que decir. El país no debería caminar así, pero camina, así que lo mejor es que nadie sepa nada de lo que ocurre y que nunca nadie los sepa. Punto final. Pero no es el caso, porque los signos históricos económicos, sociales y culturales predicen que las sociedades no funcionan así.

Pensemos entonces como el “pueblo”, pensemos en el “pueblo”, aquel que el MORENA, de AMLO, dice que puede salvar al “pueblo”. Ese “pueblo” o le dio la espalda al “pueblo”, o, como el abejorro irracional, en verdad no está enterado de lo que ocurre en el país. La respuesta es simple. El problema de fondo es que el pueblo no está educado. Y un pueblo sin educación es fácilmente manipulado. Sobre todo si consideramos que la principal labor educativa nacional la realizan por un lado el SNTE de Elba Esther Gordillo y por otro, las televisoras, TV Azteca y Televisa.

Lo increíble en toda esta historia es que tanto priístas como Enrique Peña Nieto, o panistas como Alonso Lujambio, así como perredistas como Marcelo Ebrard, no solo le guiñen el ojo a la profesora Gordillo y las televisoras, sino que están abiertas, dispuestas y obligadas a negociar con ellos. Así, sin más.

Por tanto, la urgente convocatoria a un pacto progresista nacional tiene que excluir a aquellas voces que explícita o implícitamente están dispuestas a pactar con estas fuerzas oscurantistas que tanto daño hacen a la nación. Por fortuna aún hay políticos activos y pasivos que mal que bien han construido su legitimidad, presencia y fuerza nacional sin requerir de los favores o compromisos de estas lacras de la sociedad.

Al igual que el abejorro, el sistema político mexicano reúne todas aquellas características para que no siga gobernando, sin embargo, gobierna. Pensar como el otro, pensar como el pueblo, común y corriente, también pensar como los poderes fácticos que nos gobiernan, nos llevará a encontrar las salidas a esta casi infinita crisis de la que seguramente tarde o temprano vamos a salir.

Javier Ruiz en Twitter: @JrJr2011

Bolívar Huerta en Twitter: @bolivarhuertam

Pensar como el otro (I)

Hace tiempo leí un texto que reprodujo una revista de la Universidad Nacional en el que un escritor judío víctima del holocausto nazi, cuyo nombre no recuerdo, reflexionaba a fines de los años ochentas sobre las razones que llevaron a los alemanes a cometer los delitos de lesa humanidad, ya conocidos. La conclusión del escritor era muy simple, sin pretender justificar los abusos del nazismo, pedía llevar a cabo un complejo ejercicio intelectual para ponerse en los pies del otro y así, pensar como el otro.

En el mismo texto el escritor, en conclusión, invitaba a todos los actores políticos, de uno y otro bando, involucrados en el histórico conflicto de los territorios palestinos, a que hicieran un esfuerzo por pensar seriamente como sus adversarios; asegurando que dicho ejercicio abonaría el entendimiento y abriría la luz para una negociación afortunada que terminara con años de violencia y guerra en la zona.

Dicha reflexión me vino a la memoria a raíz del diálogo convocado por el poeta Javier Sicilia, en el que dio voz a muchas víctimas de la guerra que no la han tenido, ante el inepto Felipe Calderón, presidente de los cuarenta mil muertos, mismo que provocó la ira de diversos grupos de extremistas tanto de derecha como de izquierda. En otra ocasión profundizaré mi visión en torno al esfuerzo significativo de Sicilia, pero en esta ocasión quiero referirme al necesario ejercicio que los mexicanos debemos de hacer inmediatamente con el fin de abonar en el entendimiento y la concordia ante la grave crisis política nacional: pensar como el otro.

Pensar como el otro es una propuesta que solo puede ser ejercida desde una visión de izquierda, es decir, con justicia y equidad. Aunque a decir verdad hoy son escasos los políticos tradicionales “izquierdistas” que pudieran llevarla a cabo. Tiene razón mi amigo Javier Ruiz, mexicano radicado en España, cuando dice que “la izquierda mexicana debería estar inclinada al pensamiento filosófico, intelectual, cultural, social, equitativo y no al pensamiento vacío, vulgar, de choque, de discordia o de ignorancia” -ver mi artículo sobre Fernández Noroña-. Por ello, es pertinente que la Izquierda Emergente llene el vacío intelectual que ha dejado el pragmatismo político del perredismo y su mirada pseudoizquierdista.

Pensar como el otro nos puede servir para guiar un nuevo camino de diálogo, entendimiento y razonamiento como sociedad. Sobre todo en momentos de un deterioro importante en las relaciones sociales. Es urgente escuchar más y descalificar menos, razonar más y enjuiciar menos, aportar ideas más y ser borregos aplaudidores menos. Esto no significa de ninguna manera renunciar a las críticas o evitar las discrepancias; simplemente es un llamado de conciencia en torno a nuestro papel como individuos dentro de una sociedad tan plural, diversa y disímbola como la que tenemos.

Pensar como el otro es vital en tiempos en los que los políticos y quienes conducen la nación solo piensan para sí mismos, se enriquecen a sí mismos y únicamente pretenden reciclarse a sí mismos de uno a otro puesto de elección popular. Y me refiero a toda la clase política, incluida la perredista, que a mi juicio es igual de corrupta e inútil que la de centro o la de derecha. Pensar como el otro también se utilizaría para saber distinguir el polvo de la paja y quitar la máscara a los ruines del presente que buscan su satisfacción individual.

Pensar como el otro sirve para explicarnos los complejos pilares en los que se sostiene una sociedad devastada por la corrupción, la negligencia y la ineptitud de sus gobernantes en complicidad con los poderes fácticos que cada día acumulan una deuda mayor con la nación y la ciudadanía. Pensar como el otro para predecir sus movimientos y estrategias, guiadas por la irracionalidad y el oscurantismo más atroz y obsoleto.

Pensar como el otro significa descifrar los nuevos sitios en los que puede residir una nueva sociedad, democrática, armoniosa y avanzada intelectual y éticamente. Hoy más que nunca se requieren ideas frescas para resolver los problemas que en el mediano y largo plazo amenazan considerablemente el proyecto nacional: educación, energías, pensiones, salud, medio ambiente, empleo, productividad, movilidad, economía social, etc.

Pensar como el otro es imprescindible para evitar que el priísmo y su cultura mediocre, individualista y cortoplacista, regresen al poder presidencial, que quizás nunca perdieron del todo. Tenemos que llegar a las entrañas de esa anti-cultura para combatirla y erradicarla de una vez por todas de nuestra conducta cotidiana.

Pensar como el otro es necesario para ganar las elecciones del 2012 porque simplemente tenemos que convencer a millones de mexicanos que no solo no piensan como nosotros sino que tampoco entienden que lo que este país requiere para cambiar el rumbo es un gobierno progresista que preserve el bien común y gobierne para tod@s.

Pensar como el otro no significa ser como el otro; al contrario, pretende ponerse en los pies del otro para entenderlo desde un ámbito de inteligencia y razonamiento puros, y así neutralizar la polarización, el encono y la división en la que tristemente se halla inmersa nuestra sociedad. Podemos ganar el futuro convenciendo, sumando y multiplicando, dando certezas de que no somos como ellos, de que no somos como el otro.

Pensar como el otro puede traer la luz en los momentos más oscuros en la era que nos toco vivir. Es un deber imaginar que llegaremos a las espléndidas ciudades que hemos soñado siempre.

Twitter: @bolivarhuertam