lunes, 25 de julio de 2011

Pensar como el otro (I)

Hace tiempo leí un texto que reprodujo una revista de la Universidad Nacional en el que un escritor judío víctima del holocausto nazi, cuyo nombre no recuerdo, reflexionaba a fines de los años ochentas sobre las razones que llevaron a los alemanes a cometer los delitos de lesa humanidad, ya conocidos. La conclusión del escritor era muy simple, sin pretender justificar los abusos del nazismo, pedía llevar a cabo un complejo ejercicio intelectual para ponerse en los pies del otro y así, pensar como el otro.

En el mismo texto el escritor, en conclusión, invitaba a todos los actores políticos, de uno y otro bando, involucrados en el histórico conflicto de los territorios palestinos, a que hicieran un esfuerzo por pensar seriamente como sus adversarios; asegurando que dicho ejercicio abonaría el entendimiento y abriría la luz para una negociación afortunada que terminara con años de violencia y guerra en la zona.

Dicha reflexión me vino a la memoria a raíz del diálogo convocado por el poeta Javier Sicilia, en el que dio voz a muchas víctimas de la guerra que no la han tenido, ante el inepto Felipe Calderón, presidente de los cuarenta mil muertos, mismo que provocó la ira de diversos grupos de extremistas tanto de derecha como de izquierda. En otra ocasión profundizaré mi visión en torno al esfuerzo significativo de Sicilia, pero en esta ocasión quiero referirme al necesario ejercicio que los mexicanos debemos de hacer inmediatamente con el fin de abonar en el entendimiento y la concordia ante la grave crisis política nacional: pensar como el otro.

Pensar como el otro es una propuesta que solo puede ser ejercida desde una visión de izquierda, es decir, con justicia y equidad. Aunque a decir verdad hoy son escasos los políticos tradicionales “izquierdistas” que pudieran llevarla a cabo. Tiene razón mi amigo Javier Ruiz, mexicano radicado en España, cuando dice que “la izquierda mexicana debería estar inclinada al pensamiento filosófico, intelectual, cultural, social, equitativo y no al pensamiento vacío, vulgar, de choque, de discordia o de ignorancia” -ver mi artículo sobre Fernández Noroña-. Por ello, es pertinente que la Izquierda Emergente llene el vacío intelectual que ha dejado el pragmatismo político del perredismo y su mirada pseudoizquierdista.

Pensar como el otro nos puede servir para guiar un nuevo camino de diálogo, entendimiento y razonamiento como sociedad. Sobre todo en momentos de un deterioro importante en las relaciones sociales. Es urgente escuchar más y descalificar menos, razonar más y enjuiciar menos, aportar ideas más y ser borregos aplaudidores menos. Esto no significa de ninguna manera renunciar a las críticas o evitar las discrepancias; simplemente es un llamado de conciencia en torno a nuestro papel como individuos dentro de una sociedad tan plural, diversa y disímbola como la que tenemos.

Pensar como el otro es vital en tiempos en los que los políticos y quienes conducen la nación solo piensan para sí mismos, se enriquecen a sí mismos y únicamente pretenden reciclarse a sí mismos de uno a otro puesto de elección popular. Y me refiero a toda la clase política, incluida la perredista, que a mi juicio es igual de corrupta e inútil que la de centro o la de derecha. Pensar como el otro también se utilizaría para saber distinguir el polvo de la paja y quitar la máscara a los ruines del presente que buscan su satisfacción individual.

Pensar como el otro sirve para explicarnos los complejos pilares en los que se sostiene una sociedad devastada por la corrupción, la negligencia y la ineptitud de sus gobernantes en complicidad con los poderes fácticos que cada día acumulan una deuda mayor con la nación y la ciudadanía. Pensar como el otro para predecir sus movimientos y estrategias, guiadas por la irracionalidad y el oscurantismo más atroz y obsoleto.

Pensar como el otro significa descifrar los nuevos sitios en los que puede residir una nueva sociedad, democrática, armoniosa y avanzada intelectual y éticamente. Hoy más que nunca se requieren ideas frescas para resolver los problemas que en el mediano y largo plazo amenazan considerablemente el proyecto nacional: educación, energías, pensiones, salud, medio ambiente, empleo, productividad, movilidad, economía social, etc.

Pensar como el otro es imprescindible para evitar que el priísmo y su cultura mediocre, individualista y cortoplacista, regresen al poder presidencial, que quizás nunca perdieron del todo. Tenemos que llegar a las entrañas de esa anti-cultura para combatirla y erradicarla de una vez por todas de nuestra conducta cotidiana.

Pensar como el otro es necesario para ganar las elecciones del 2012 porque simplemente tenemos que convencer a millones de mexicanos que no solo no piensan como nosotros sino que tampoco entienden que lo que este país requiere para cambiar el rumbo es un gobierno progresista que preserve el bien común y gobierne para tod@s.

Pensar como el otro no significa ser como el otro; al contrario, pretende ponerse en los pies del otro para entenderlo desde un ámbito de inteligencia y razonamiento puros, y así neutralizar la polarización, el encono y la división en la que tristemente se halla inmersa nuestra sociedad. Podemos ganar el futuro convenciendo, sumando y multiplicando, dando certezas de que no somos como ellos, de que no somos como el otro.

Pensar como el otro puede traer la luz en los momentos más oscuros en la era que nos toco vivir. Es un deber imaginar que llegaremos a las espléndidas ciudades que hemos soñado siempre.

Twitter: @bolivarhuertam

1 comentario:

  1. Ya recordé que el autor del texto original es el escritor israelí Amos Oz y si no me equivoco la idea la plantea al recibir el prestigiado Premio Principe de Asturias de las Letras en el 2007.

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