Muchas son las incógnitas en torno a la participación en el 2012 de Juan Ramón de la Fuente. El propio ex rector debe ser consciente de que los tiempos políticos se acortan, quizás por eso mantiene su prudencia y evita en lo posible su promoción mediática.
En la antesala de las elecciones federales y locales, algunos critican la supuesta tibieza y aparente falta de definiciones del ex rector o lo apuran a que las tenga. A una parte considerable de estas voces les urge encontrar una figura que los salve del precipicio en el que caen. Ven al ex rector como esa figura y por tanto lo presionan en todos los ámbitos para que se defina lo antes posible; de esta forma comenzarían a utilizar su nombre y prestigio como moneda de cambio en sus componendas. Aquellos que ponen en duda el compromiso de De la fuente con la sociedad, olvidan el complejo pasaje que el propio ex rector enfrentó durante la huelga que convulsionó a la Máxima Casa de Estudios por más de 10 meses. En esa época, el académico utilizó todos los recursos universitarios a su alcance para resolver un conflicto que él no generó, exponiendo su prestigio, trayectoria y, en ocasiones, incluso, su propia integridad personal.
También hay quienes cuestionan el perfil progresista y democrático del doctor Juan Ramón, tal vez porque se ha rehusado a afiliarse a algún partido de “izquierda”. Como si estar afiliado a la izquierda electoral fuera garantía de tener un compromiso de justicia y equidad social. Hoy, la izquierda oficial se halla inmersa en una profunda crisis debido a su cortoplacismo, pragmatismo y trapecismo electoral; también a que reprodujo no pocos vicios priistas como el clientelismo, la corrupción, el nepotismo y la ineptitud. Esto explica en parte que los principales líderes izquierdistas, distanciados de la inteligencia y lucidez, carezcan de propuestas viables y novedosas ante los desafíos nacionales.
En cambio, en sus artículos y conferencias, el ex rector de la Universidad Nacional, sin tener afiliación oficial de izquierda, reiteradamente pone énfasis en la necesidad de mirar al futuro y no le faltan ideas para esbozar soluciones progresistas y democráticas a los diversos problemas que amenazan a la nación. El ex rector es un hombre con una visión progresista y de justicia social.
No obstante las críticas y grillas contra de Juan Ramón de la Fuente, es innegable que su imagen genera confianza y certidumbre en un segmento importante de la ciudadanía, que lo promueve constantemente tanto en redes sociales, como en los medios de comunicación. Es más, en las encuestas que lo mencionan, el ex rector aparece muy bien posicionado, aun sin promoción política de por medio. Su prestigio no está en duda y sus definiciones políticas serán determinantes en el curso de las elecciones federales y locales del 2012.
Al querer discernir sobre las definiciones políticas del doctor Juan Ramón, es imprescindible leer la edición especial de la Revista Proceso del mes de julio, Los Aspirantes; dedicada a él mismo. En ésta, el ex rector destaca la deuda pendiente de los partidos políticos con las opciones no partidistas para acceder al poder público. Sin embargo, la lectura tampoco despejará las interrogantes respecto al papel que el ex rector jugará en las próximas elecciones. Las dudas solo las disipará, en su momento, el propio ex rector.
Desde mi muy particular punto de vista, la eventual candidatura de Juan Ramón de la Fuente, sería la candidatura de la sociedad mexicana, una sociedad excluida de la toma de decisiones nacionales y locales y marginada de la participación política. La candidatura de De la Fuente oxigenaría la asfixiante dinámica de la clase política y revitalizaría la esperanza de muchos sectores hacia un futuro nacional más alentador. Al ex rector le importa el futuro y sus políticas de gobierno mirarían a lo inmediato, aunque en especial hacia el mediano y largo plazo, lo cual perfilaría un cambio radical en la historia política mexicana.
Juan Ramón de la fuente es el primer rector en la época moderna de la UNAM que fue representante de la comunidad universitaria ante el poder público, y no viceversa. De la misma manera, sería un gobernante representante de la sociedad ante la clase política y los poderes fácticos, y no viceversa. El éxito de su eventual candidatura, por sí misma implicaría abrir un boquete en el muro en el que se encuentran blindados los políticos tradicionales, dueños de los partidos políticos.
El doctor Juan Ramón definirá, de ser el caso, el ámbito específico en el que competiría electoralmente. A diferencia de todos nuestros políticos, la ambición no lo desequilibra, por lo que tampoco debe tener prisa en querer ganarlo todo. Por ello, quizás lo más adecuado sería que el ex rector compitiera por el Gobierno de la Ciudad de México. Podría profundizar logros como los derechos sociales y al mismo tiempo reorientaría otros ámbitos que han sido descuidados por el perredismo local.
A la izquierda electoral le conviene que De la Fuente sea su candidato porque ganaría la Ciudad. Las encuestas en las que todos los aspirantes perredistas aparecen muy por debajo de Beatriz Paredes del PRI, los tiene que hacer reflexionar acerca de sus roles poco destacados y sus posibilidades nulas de competir en una elección local tan determinante. Más aun, el candidato presidencial de la izquierda ganaría mucho si los partidos progresistas postularan en el DF al doctor Juan Ramón. Las posibilidades de competirle al PRI crecerían y se evitaría un efecto electoral arrasador, similar al que aplicó el priismo en el EdoMex.
Imagino que una mancuerna AMLO-JRDF significaría una opción que de potenciarse pondría en serios aprietos a la maquinaria electoral priista. Aunque para lo cual, el propio AMLO tendría que cambiar de estrategia, discurso y a varios de sus colaboradores. La clave de esta vía radica en la conformación de un movimiento ciudadano respaldado por estos dos personajes, además de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Javier Sicilia -entre otros-, que sea capaz de unificar a todas las corrientes y personalidades que simpatizan con una visión de justicia y equidad social y, que pueda airear la cultura política de izquierda por medio de la inclusión de decenas de candidaturas independientes o no partidistas a todos los puestos de elección popular.
La moneda está en el aire. La única certeza que tenemos es que sin la alianza con la sociedad, la izquierda electoral está perdida y puede extinguirse en el 2012.
Twitter: @bolivarhuertam
Texto originalmente publicado en www.sdpnoticias.com
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