miércoles, 25 de mayo de 2011

La izquierda emergente que México necesita

Diagnóstico El PAN fracasó en el gobierno y sin ninguna duda su debacle hacia el 2012 es inevitable e irreversible. El penoso paso de Vicente Fox por los Pinos, sentó las bases del fracaso moral y político de la derecha mexicana. Con Felipe Calderón, presidente del desempleo y la muerte, terminaron por sepultarse las aspiraciones de una agrupación histórica que perdió el rumbo, los orígenes y postulados que le dieron esencia durante muchos años.

Si el PRI gana las elecciones presidenciales, entonces enfrentaríamos una derrota histórica de la sociedad mexicana que constituiría una gran regresión política. El autoritarismo y la represión, signos del priismo de ayer y hoy, se agudizarían, lo cual poco abonaría para contrarrestar el deterioro social y político que padecemos.

La historia no miente: con el PRI o el PAN en la Presidencia de México no hay futuro posible para nuestra nación. La continuidad de este régimen obsoleto va a agudizar la crisis estructural, generando una ruptura social que puede rebasar los límites de la legalidad y la paz. Para evitar un conflicto social de esta naturaleza y de erradicar los graves lastres nacionales, los destinos nacionales deben ser dirigidos por una Izquierda emergente.

¿Qué izquierda merece gobernarnos? Una Izquierda emergente, no la del PRD, instituto político con una visión cortoplacista y pragmática que camina a su pronta extinción. Como no existen las candidaturas independientes, seguramente éste, más el PT y Convergencia, tendrán que ser los vehículos para que la Izquierda emergente compita y gane el 2012.

El a, b, c, del triunfo de una Izquierda emergente.
¿Cuál es el camino para que una Izquierda emergente triunfe en las elecciones del 2012? Tres son los pasos que hay que dar en esta dirección, mismos que definirán a esta Izquierda emergente.

a) La alianza con la Sociedad.
Hace muchos años el PRD fue capaz de convocar a sectores de la comunidad intelectual, artística y académica, así como a agrupaciones y movimientos sociales con demandas primordiales. Hoy, el PRD seguramente no convoca ni a las familias enteras de sus dirigentes o subsidiarios, salvo a aquellos que se benefician con sus dadivas y programas clientelares.

La Izquierda emergente tiene que promover un Pacto Progresista que sume a voces con presencia fundamental en la sociedad, tales como: el movimiento por la paz con justicia y dignidad, que encabezan Javier Sicilia y Emilio Álvarez Icaza; las redes civiles que pugnan por candidaturas independientes, impulsadas, entre otros, por René Drucker, y la corriente ciudadana que promovió en 2009 el voto nulo, en la que Rosa Albina Garavito y Sergio Aguayo, son actores claves. Pero además tiene que sumar a activistas ciudadanos que claman por justicia y equidad en sus respectivos ámbitos: Purificación Carpinteyro, Sanjuana Martínez, Miguel Ángel Granados Chapa –en medios de comunicación-; Axel Didriksson, Hugo Aboites, Hugo Casanova –en educación-, y Mardonio Carballo, Vanessa Bauche y Daniel Giménez-Cacho –en cultura-, entre otros.

Sin embargo, para lograr sumar a estas voces es indispensable moderar el discurso de autoengaño, en el que “la tragedia nacional es responsabilidad única de la mafia política de derecha que nos gobierna”; lo cual es discutible debido a que la burocracia izquierdista ha contribuido en la profundización de esta crisis.
Además, los partidos de la izquierda deben hacer un sacrificio enorme, dejando que estas voces de la sociedad compitan, con su registro, por cargos de elección popular. El PRD, específicamente, hace tiempo acordó que el 50% de sus candidaturas fueran para candidatos no partidistas. Esta fórmula tiene que repetirse en 2012. Sin embargo, esto no parece tan cercano debido a que las mafias y tribus que son dueñas de los partidos se van a oponer; pero si se aferran, pues a ver quién les da su voto, nosotros no.

b) Nuevo discurso, nuevo programa.
Es altamente notorio el alejamiento de los sectores de la inteligencia nacional con los partidos de la izquierda. Como ya he argumentado con anterioridad, la inteligencia se apartó de la burocracia política izquierdista. Es muy grave que los dirigentes perredistas en todos sus niveles, y no se diga de los partidos satélites, sobresalgan por su ignorancia y falta de ideas.

Por tanto, la Izquierda emergente tiene que reunir a los talentos que pueden fundamentar un debate que perfile los caminos viables que den solución a problemas nacionales. Conformando, así, un Nuevo Programa de Gobierno, en el que de manera eficaz y sencilla se aborden propuestas en pro de la seguridad, el desarrollo sostenible, el medio ambiente, las energías alternativas, la educación, la salud, la movilidad, el empleo y el desarrollo productivo.

Las promesas de gobierno centradas en cien o seis mil propuestas, muestran una falta de conocimiento de la problemática nacional y sin ninguna duda son parches que buscan tapar las grietas profundas que amenazan con desgarrar irreversiblemente a nuestra nación.

c) Candidatura fuerte y sólida al GDF.
La elección presidencial pinta muy complicada. El deterioro de la izquierda institucional ha abierto la puerta para que el PRI amenace con volver a Los Pinos. No es motivo de este texto reflexionar en torno al mejor candidato presidencial de la izquierda. Aunque evidentemente el nivel de organización es clave para competir, en este sentido, MORENA ha logrado un trascendente avance. Sin embargo, estas redes por sección electoral no serán suficientes para ganar.

El impulso que daría a la lucha presidencial una candidatura fuerte y sólida de la Izquierda emergente, para el gobierno de la Ciudad de México, no solo evitaría que el efecto Peña Nieto termine por arrancar el GDF a la izquierda electoral, sino que fundamentalmente contrarrestaría de manera significativa la supuesta avalancha electoral a nivel nacional que esperan los priistas y que no es imposible de darse.

Esta candidatura fuerte y sólida de la Izquierda emergente solo puede ser encabezada por un par de ciudadanos no partidistas, un hombre y una mujer. La mujer, Carmen Aristegui, desafortunadamente se ha descartado en reiteradas ocasiones; y el hombre, Juan Ramón de la Fuente, después de agosto tomará una decisión en torno al proceso electoral del próximo año.

Si las tribus perredistas se obstinan en imponer a sus candidatos pequeños, como Carlos Navarrete, Alejandra Barrales, Mario Delgado o Ricardo Monreal, no solo van a perder el GDF sino que serán responsables de que el candidato a la Presidencia se hunda en una derrota estrepitosa. De los precandidatos de las mafias, parece que Martí Batres es el único consciente de este grave riesgo.

Conclusión
La izquierda emergente puede ganar las elecciones del 2012 y la izquierda institucional tiene que ayudarle, cambiando radicalmente el rumbo errado que la ha caracterizado en los últimos años. El Pacto Progresista tiene que tender un puente entre ambas izquierdas. De lograrse este fin, México tendrá un futuro digno. Si la izquierda institucional va sola, caminará a la derrota segura: el EdoMex será el ejemplo de ello.

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